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  Un año en Doñana
 

Un año en Doñana

Cuando mis padres me dijeron que nos íbamos a mudar a un campo donde no había electricidad, pensé que no iba a poder llevarme allí tanto tiempo. Pensaba que no iba a poder estar ni un segundo sin aburrirme.

Los primeros días, fueron muy difíciles para mí, pero cuando llevaba unas cuantos días allí, me di cuenta que todo era mucho mas divertido en la naturaleza.

Lo primero que hice fue ir a ver cómo era la zona que nos rodeaba. Entre los arbustos vi a un animal; era muy bonito y pensé en llevármelo para cuidarlo en casa, pero a lo lejos, vi que estaban sus crías e imaginé que era muy triste que le quitara la madre a unas crías de animal.

De fondo, escuché el ruido como el de un río fluyendo, así que, decidí ir a ver de qué se trataba y, a lo lejos, había un bonito y pequeño río en el que había mucha clase de pájaros pequeños y grandes, feos y bonitos, pero todos tenían algo que los hacían únicos. No eran como los pájaros de la ciudad.

 

Me fijé en mi derecha y mi izquierda y estaba todo rodeada de flores, era algo precioso, había toda clase de flores y me encantaban pero, en vez de arrancarlas, preferí dejarlas allí para que crecieran.

 

Por la noche fue todo muy raro porque estaba todo oscuro y me dio mucho miedo pero, al rato de estar tanto tiempo mirando a la oscuridad, me quedé dormida.

 

A la mañana siguiente volví al río pero, junto al agua, vi un animal muerto y nada más verlo rompí a llorar sin más. Cuando conseguí consolarme vi que el animal había muerto de un disparo.

 

Lo único que se me ocurrió en aquel momento fue enterrarlo en la arena y así hice. Después de enterrarlo, fui corriendo a mi choza para informar a mi madre.

 

Cuando salí miré hacia el cielo y, en un árbol, vi una fruta que días antes estuve buscando en la ciudad pero allí no había arboles, así que lo primero que hice fue subirme al árbol en busca de esa exquisita fruta de color verde y rojo. Después de coger la fruta no quería bajar y me quede sentada allí arriba ,bajo la sombra, y me comí la rica fruta.

 

Oí una voz que gritaba mi nombre y venía de mi casa así que fui a ver quien me buscaba y, tras la ventana, vi a mi amiga de la ciudad y fui corriendo a saludarla. Me dio un abrazo y la invité a que viniera a jugar pero ella insinuó que era muy aburrido y le dije que le demostraría lo contrario.

 

Me siguió hasta la parte de el río y empecé a dar vueltas y a jugar con ella, ella reía con felicidad. Entonces la lleve a un árbol no muy difícil de subir y subió ella conmigo. Y allí nos quedamos hasta que se tuvo que ir y me dijo que había sido muy divertido. Me despedí y fui corriendo a mi casa porque tenia mucha hambre. Mi madre hizo una hoguera y papá y yo nos sentamos alrededor.

 

Papá entro en casa y sacó de la mochila nubes que había comprado mama antes de mudarnos. Mama me pidió que fuera a coger pinchitos y cuando volví estaba allí casi toda nuestra familia, entonces, yo salude a todos y nos sentamos a comer, pero antes tuve que ir a por más pinchitos.

 

Estuvo todo muy bueno y después mis primos y yo nos pusimos a jugar al escondite con linternas. Aquella segunda noche fui muy divertida y al acostarnos me quedé dormida muy rápido porque estaba muy cansada.

 

Al día siguiente teníamos que ir a comprar así que tuvimos que ir andando asta la barcaza y desde la barcaza tuvimos que ir al supermercado. Fue muy divertido pero me cansé muchísimo. Nada más llegar a casa, me tiré en la cama a tomar la siesta y cuando desperté tenia cara de dormida y quería bañarme pero no sabia donde bañarme porque en casa no había ducha y le pregunte a mamá, ella dijo que tenia que bañarme en el río pero pensé que el agua era muy fría, pero aún quería ducharme, así que le hice caso a mamá y fui al río.

 

Después de bañarme ya estaba mucho mas despierta así que fui a buscar la comba y dí mas de cien saltos. Ya estaba atardeciendo y mama me llamó para que cenara y me acostara.

 

Todos los días quedaba agotada pero siempre me divertía y mucho más que con los electrodomésticos. Y aunque al principio pensaba lo contrario, decidí que aquel lugar era el mejor para vivir.

 

 

Autora: María Ortega Rodríguez.- 6ºA

 
 

 
 
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